En un agujero en el suelo, vivía Tajundra. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-tajundrero, y eso significa comodidad.

No, no, no, así no puedo empezar. ¿Quién querría vivir en un agujero, bajo tierra? Además, con tantas visitas y esos anillos tan raros comprados en el Todoacien que te los pones en los dedos y atraen a los zombis… casi mejor me pienso otra historia.

A ver así:

La amazona refrenó su fatigada montura. Ésta se detuvo afirmando bien las patas, con la cabeza gacha, como si incluso el peso del arnés de cuero rojo, guarnecido en oro, fuera demasiado pesado para ella. Tajundra sacó un pie, calzado con bota, del estribo plateado, y descabalgó de la silla dorada. Afirmó las riendas a la horquilla de la rama de un arbolillo y se volvió para inspeccionar las inmediaciones, con las manos en las caderas.

Mmmm… suena bien, pero… no, mejor no. Además, para escribir esta historia tendría que empezar por el final. ¿A quién se le ocurre empezar una historia por el final? Hay que ser tonto, ni que fuera a venir el prota y me la fuese a soplar en la oreja.

Nunca he sido diestro en el arte de dibujar sonidos, pero la historia que quiero contaros ha de ser fijada con algo más que meras palabras narradas en torno al fuego. No vengo a hablaros de mí, como tal vez la manera en que emprendo el relato pudiera haceros pensar, ni soy tampoco yo mismo el centro de este cuento. Tengo la intención de referir mis experiencias al lado de Tajundra, de la que tantas tonterías se han dicho últimamente…

Puffff… pues si ya empiezo enrollándome tanto, cualquiera llega al final. Además, la Taju no se casaría con alguien tan tiquismiquis. Aquí, o hay sexo o ya te puedes ir con viento fresco, al pan pan y al vino vino. Así que no, éste principio también descartado.

Tajundra Fireforge se derrumbó sobre una roca cubierta de musgo. Sus viejos huesos de amazona le habían sostenido ya demasiado tiempo y se negaban a continuar sin protestar.

Naaa… suena a dragonada. Otro.

Después dijeron que Tajundra había venido desde el norte por la Puerta de los Corderos. Entró a pie, llevando de las riendas a su caballo. Era por la tarde y los tenderetes de los cordeleros y de los talabarteros estaban ya cerrados y la callejuela se encontraba vacía. La tarde era calurosa pero aquella mujer traía un capote negro sobre los hombros. Llamaba la atención.

Suena bien, pero para entender los diálogos de los gañanes casi tendré que contratar a un traductor ruso, o esloveno, o balcánico, o yugoslavo, o polaco… Vete tú a saber. Demasiada pasta, mejor me invento otra cosa.

El señor y la señora Tajundra, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.

¿De verdad quiero escribir una historia de una amazona maga egocentrista y megalómana que tiene que hacer brujerías para deslumbrar a los tíos y aun así no se come un rosco? Bueno, lo mismo me forro, logro que los niños del mundo entero quieran ponerse gafas de pasta y cojan el cuchillo jamonero para abrirse una brecha en la frente. ¡Ah… y así, de paso, me construyo un palacio en la Moraleja ! No, suena demasiado mal. Prefiero ser pobre y miserable toda la vida y seguir bebiendo el agua putrefacta que se cuela del retrete a las alcantarillas, así podré decir con orgullo que he sido un cronista de fantasía de los de verdad, de los que se acaban muriéndose de hambre en un agujero o se pegan un tiro en la cabeza después de malgastar su vida como reponedor de lechugas en el Carrefur.

A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas.

Vale, me he rallado. ¿Alguien tiene otro pergamino Dina4?

Érase una vez una amazona llamada Tajundra la Fortachona , hija de Ketil Asmundsson, un rico terrateniente del norte de Jutlandia. La familia de Ketil se había asentado desde siempre en aquella tierra, al menos hasta donde alcanzaba la memoria de los hombres, y muchos eran los acres que poseía. La esposa de Ketil se llamaba Asgard y era hija ilegítima de Ragnar Calzas de Pelo. Por su parte, Tajundra descendía de gente honrada, pero como aún vivían sus cuatro hermanos mayores, no pensaba que a la muerte de su padre le correspondiese una parte importante de la herencia.

Me mola eso de que las brujas lleven colgando de los pezones ratas muertas y que las elfas recurran a los trolls cuando sus machos no les dan caña, pero casi mejor me invento otra historia no vaya a ser que salga un libro parecido lleno de moralinas al mismo tiempo, se convierta en un superventas y yo no me coma un colín.

El día había amanecido fresco y despejado, con un frío vivificante que señalaba el final del verano. Se pusieron en marcha con la aurora para ver la decapitación de un hombre. Eran veinte en total, y Tajundra cabalgaba entre ellos, nerviosa y emocionada. Era la primera vez que la consideraban suficientemente mayor para acompañar a su padre y a sus hermanos a presenciar la justicia del rey. Corría el noveno año de verano, y el séptimo de la vida de Tajundra.

Éste no lo termino ni de coña. Antes la diño por obesidad mórbida en el sexto y que se jodan mis lectores. Mejor me invento un libro más corto.

¡Oíd! Yo conozco la fama gloriosa

que antaño lograron los reyes daneses,

los hechos heroicos de nobles señores.

¿Alguien sabe una palabra que rime con gloriosa? … …. … ¿Osa? ¿Posa? ¿Morsa?

¡¡Otro!!

Se llamaba Tajundra Dornick y no era más que una campesina que nunca había visto Trántor. Es decir, no realmente. Lo había visto muchas veces en el hipervídeo, y ocasionalmente en enormes noticieros tridimensionales que informaban sobre una coronación imperial o la apertura de un consejo galáctico.

Estoooo… ¿no estábamos hablando de fantasía? ¿Qué es un hipervideo, alguien sabe cómo se enchufa? Para hacer esto, casi mejor me invento una princesa que se pone a cien cuando ve a su hermano, le pongo un casco negro al malo, saco unos osos de peluche, dos androides gays y me forro a vender muñecos. Voy a olvidarme de Tajundra Dornick y me quedo con Tajundra la Moños.

Ésta es la historia de Tajundra antes de que fuera llamada Asesina de Mujeres, antes del colapso final de Melniboné. Ésta es la historia de la rivalidad con su primo Yyrkoon y del amor por su prima Cymoril, antes de que esa rivalidad y ese amor provocaran el incendio de Imrryr, la Ciudad de ensueño, saqueada por 1as hordas los Reinos Jóvenes. Ésta es la historia de las dos espadas negras. La Tormentosa y la Enlutada , de cómo fueron descubiertas y del papel que jugaron en el destino de Tajundra y de Melniboné, un destino que iba a conformar otro mayor: el del propio mundo. Ésta es la historia de cuando Tajundra era la reina, la jefa máxima de los dragones, las flotas y de todos los componentes de la raza semihumana que había regido el mundo durante diez mil años.

¿Tajundra y Cymoril metidas en la cama? ¿Haciendo cositas? Vale, me pone, pero seguro que los administradores de Sedice meten la tijera y me la censuran. Mejor chica-chico, que esto del orgullo gay queda muy bien el 28 de junio pero el resto del año el mundo se vuelve muy carca.

Tajundra se arrodilló sobre un lecho de junco pisoteado y escrutó las huellas con ojo experto. Estas le indicaban que los ciervos habían pasado por esa pradera hacía apenas media hora, y que pronto se echarían a dormir. El objetivo de Tajundra, una hembra pequeña con una pronunciada cojera en la pata izquierda, aún seguía con la manada, y…

¡¡Mámaaaaaaa, alquílame el video de La guerra de las galaxias, que no sé como seguir! ¡Y de paso el de Bambi, que no me acuerdo cómo es un ciervo!

Tujundra y su daimonion atravesaron el comedor, cuya luz se iba atenuando por momentos, procurando mantenerse a un lado del mismo, fuera del campo de visión de la cocina. Ya estaban puestas las tres grandes mesas que lo recorrían en toda su longitud, la plata y el cristal destellaban pese a la poca luz y los largos bancos habían sido retirados un poco con el fin de recibir a los comensales.

Para escribir esta historia me espero unos meses y que saquen la película. Así me forro. Lo mismo a la Kidman le da por hacer de Tajundra. Por cierto, ¿qué coño es un daimonion? Suena a digimon o algo parecido.

No era la mujer más honesta ni la más piadosa, pero era una mujer valiente. Se llamaba Tajundra Alatriste y Tenorio, y había luchado como amazona de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando la conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedíes en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachina por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas.

Y a ritmo de Semana Santa, con una Marcha de Madrugada, Tajundra resistió la envestida de los franceses, condenando su suerte. Fin. ¿El resto para qué? Si aquí lo que importa es mostrar palacios y castillos bonitos. Bueno, y a la Ariadna Gil en pelotas, el resto da igual.

La verdad, ya no se me ocurre nada más, se me han acabado los libros de fantasía que plagiar. Casi mejor que a partir de ahora veáis las historias de Tajundra en Sedice, que sale más a cuenta que las escriba yo. También, para lo que me pagan, que se lo curren los dos gilipollas de David y Rafa, que a ellos se les da mejor hacer moños.

¿Tajundra la moños? ¿A quién se le ocurriría un nombre tan estúpido?

Nuevo Cronista, el artista antes llamado Viejo Cronista.

(dos días antes de su prematura muerte en un callejón oscuro de las Casitas Rosas)

Datos biobibliblibiográficos de Tajundra la Moños :

Tajundra la Moños nació a la tierna edad de cero años, en una aldea llamada El Terruño.

Ya desde muy pequeña demostró una gran propensión a ser mujer.

Sus padres (cuyos nombres no recordamos y no vamos a tomarnos las molestias de crear… que ya nos hemos quemado bastantes neuronas a base de rimar palabras estúpidas) la querían muy en el fondo de su corazón, aunque también muy en el fondo de su corazón sabían que su hija no valía para nada. Para ser sinceros, hubieran preferido un chico, pero en cuanto vieron aparecer aquellos dos moños del útero de la madre, se frotaron las manos convencidos de que iban a engendrar a la princesa de un imperio intergaláctico; cuando salió Tajundra se llevaron una gran decepción.

Cuadro de texto: En el Rey León todos los animales fueron a la cueva de Simba a ofrecerle regalos, a casa de Tajundra no fue ni Dios. Es más, su padre se marchó al estanco porque no le quedaban cigarrillos. Contra todo pronóstico, no se largó de El Terruño (mal pensados), aquella temporada El Terruño F.C. iba muy bien en la Liga y el padre de Tajundra había pagado una pasta para ver los partidos por el canal de prepago.

Y así Tajundra se fue haciendo mayor, como el resto de los humanos. Tenía la esperanza de que iba a ser una elfa, como Galadriel, o una ninfa de los manantiales como Juturna (ale, a buscar en Google quién es Juturna), pero al final se quedó en un híbrido de Heidi pasada de rosca y Marilyn Manson con resaca los domingos por la mañana. Aun así quería ser amazona, pero El Terruño entero se partió el culo al escuchar sus pretensiones.

Hoy han pasado treinta años desde que Tajundra nació y nuestra heroína, con treinta años de edad, es una de las amazonas más terribles que han existido en la época contemporánea (época contemporánea de hace más de 10.000 millones de años, porque para los habitantes de ese mundo aquella época era su época contemporánea, no nuestra época contemporánea).

David Mateo y Rafa Alonso,

creadores de Tajundra la Moños

amén de otras muchas tiras cómicas publicadas en Diario de Valencia y Scifi Magazine.